“Tokan Sokunetsu: cabeza fría, pies calientes”  Maestro Hakuin

“Mantener con frescura la parte superior del cuerpo, desde la cabeza hasta el pecho. La parte inferior: cintura, abdomen, piernas y pies deben permanecer calientes. Este es el método para cuidar la vida”  Maestro Hakuin

Se puede decir que ésta es la idea del tratamiento. Además de atender a las dolencias del paciente, el objetivo será ayudar a reestablecer la libre circulación de la energía en el cuerpo.

El cuerpo es un conjunto de billones de células (y bacterias…) que se unen una a otra y según donde se encuentran y por el diseño que tienen programado “de serie”, van constituyendo durante la formación del ser humano, tubos, vasos, órganos, nervios… que a su vez se organizarán en sistemas más complejos (digestivo, cardíaco, músculo-esquelético…) interconectados entre sí. Estas células, cada una de ellas, se pasan el día y la noche contrayéndose y expandiéndose. Es gracias a que tienen este movimiento, esta vibración, que pueden realizar sus funciones de intercambio con el entorno y mantener a la totalidad del organismo en equilibrio.
¿Qué sucede cuando enfermamos? Alguna de estas células, algún conjunto de ellas, o bien se estanca y se bloquea, o bien se vuelve “loco” y empieza a vibrar de una manera diferente de la original. Y empiezan los problemas: desde una contractura que no deja que el músculo se estire del todo, hasta un reflujo, un estreñimiento o algo más serio.
Por nuestro estilo de vida, tenemos tendencia a utilizar excesivamente, y casi exclusivamente, la parte superior del cuerpo. Pensamos mucho, nos preocupamos mucho, nos enfadamos mucho… y si somos de los que hacemos ejercicio, parece que nuestra cabeza quiere llegar a la meta que nos hayamos puesto mucho antes de que puedan hacerlo nuestros pies.

El objetivo del tratamiento, por tanto, es ése: ayudar a que el cuerpo recupere su movilidad original, haciendo un tratamiento local de los síntomas (el dolor de cuello, de cabeza, la contractura en la espalda, en el gemelo, la sensación de pesadez en las piernas, esa cadera que no quiere moverse sin dolor…), comprendiendo la causa que los ha generado (esas dorsales que no se mueven desde hace quince años, los mismos que llevas sentado en la oficina diez horas al día…) y teniendo en cuenta a la vez las compensaciones que han ido estableciéndose en otros lugares del cuerpo.