“Para cambiar el mundo es preciso cambiar la forma de nacer” Michel Odent

 

El momento del nacimiento es uno de los más importantes en la vida (claro, si no, no estaríamos aquí…) Suceden muchas cosas, es un lugar de encuentros y desencuentros, de vivencias muy potentes, tanto para los padres como para el recién nacido. Hay miles de maneras de vivir el parto, tantas como personas nacen, y de que esa emoción o esa experiencia física, impregne a partir de ahí el resto del camino, tanto el de los padres como el del desarrollo del bebé. Nos podemos encontrar ante partos largos, partos muy cortos, partos con fórceps, con ventosas, cesáreas, presentaciones de cara, de nalgas… El objetivo de la osteopatía en este campo es, como siempre, facilitar el correcto funcionamiento de las estructuras que componen el cuerpo, en este caso el del bebé, liberarlo de las tensiones adquiridas durante el proceso de venir aquí, ya sea antes, durante o después del alumbramiento.

No me atrevo a decir que un tratamiento sea imprescindible, de hecho ni a mí ni a la mayoría de los que leáis ésto nos han tratado de pequeños y aquí estamos y… ¡bastante bien!, pero sí es cierto que un tratamiento a tiempo ayuda a que la vida sea más fácil.

¿Cuáles serían las grandes indicaciones para el tratamiento osteopático de un bebé?

  • Cuando haya sido un parto difícil, demasiado largo, demasiado corto o asistido con fórceps o ventosas
  • Cuando el nacimiento haya sido por cesárea, programada o no.
  • Si el bebé tiene una asimetría marcada de la cabeza y si pasado el tiempo no mueve la cabeza hacia ambos lados.
  • Si el bebé llora sin que nada lo calme,o está excesivamente excitado y no puede dormirse.
  • Si el bebé presenta reflujos o cólicos de lactante.